Devocional Navideño - Dr. Pablo Polischuk


La encarnación de Jesucristo apunta hacia el cumplimiento del proceso redentor con la infusión de la inmanencia del Dios trascendental al mundo creado, especialmente a sus criaturas en necesidad de salvación de su estado pecaminoso y alejado del Creador.  La venida de Jesucristo proveyó luz, paz y significado al mundo en tinieblas, enemistado con Dios y en confusión existencial. 

Su advenimiento nos recuerda que Él vino a lo suyo (su pueblo escogido, Israel), y los suyos lo rechazaron; sin embargo, a aquellos que sí lo recibieron, les dio el poder de ser constituidos hijos e hijas de Dios. Como el antiguo profeta lo anunció, llegó a ser luz a las gentes del mundo, trajo cerca a los que estaban alejados de la presencia de Dios, y estableció la paz a los enemistados con Dios. Todo esto, a pesar de la obstinación, la rebeldía, el desdén y la ignominia humana, demostrando el poder de la gracia y la misericordia divinas, dándonos lo inmerecido y no pagándonos con el castigo acorde a nuestra corrupción.  

Su amor unilateral e incondicional ha sido manifestado proactivamente en la provisión de su Hijo, un niño que nos ha nacido. Este niño se ha compenetrado con empatía en nuestros asuntos, y sustituido con su vida pagando nuestro rescate a precio de sangre. La navidad nos hace pensar y recapacitar: si su nacimiento, vida y muerte han logrado nuestra salvación, ¡cuánto más su resurrección, ascensión y segunda venida nos aparejará, dándonos la esperanza de la vida eterna y el goce de su presencia real! Un día, le daremos la bienvenida otra vez, no a un niño destinado a un pesebre, sino al Rey de Reyes y Señor de Señores. Mientras tanto, reflexionemos en los resultados y alcances de su redención en nuestras vidas cotidianas, resultados que van más allá de un 25 de diciembre. 

Pablo Polischuk

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